¿Qué acaso no entendieron?

Anoche en mi tiempo devocional estaba leyendo un pasaje del libro de Mateo, y me encontré con una escena que ya la había escuchado o leído varias veces pero que (al puro estilo de Dios cuando quiere que entendamos más Su Palabra) me dejó con una idea rondando en la cabeza.

El relato básicamente se trata de una pregunta que le hacen los fariseos (estrictos religiosos de la época) a Jesús acerca del divorcio, y lo que Él responde.  La pregunta era : “¿Le está permitido a un hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”  Y aquí Jesús responde citando el libro de Génesis, cuando Dios instituyó el matrimonio entre el primer hombre y la primera mujer.  Jesús dijo:

“¿Acaso no han leído que Aquel que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra, y dijo ‘Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne’? Así que ya no son dos, sino una sola carne.  Por tanto, lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe.”

La conversación entre Jesús y los fariseos continúa, y Jesús cuando habla vuelve a recalcar que las cosas han sido estipuladas así por Dios desde el principio, y que por lo tanto el divorcio responde simplemente a la dureza de corazón del hombre.

Pero lo que me llamó la atención es la simple frase con la que Jesús comienza a responder a los fariseos: “¿Acaso no han leído…?”.  Jesús era extremadamente paciente para responder las preguntas de los necios fariseos, pero si hubiese sido yo, fácilmente puedo imaginarme diciendo cosas como :”¿qué acaso no han leído justo al principio del libro que tanto dicen que obedecen y atesoran?”, “¿qué acaso no les es suficiente que fue DIOS el que hizo y lo dispuso así desde el principio?”, “¿por qué hacen preguntas idiotas cuando se supone que saben lo que Dios ha ordenado?”, “¿QUE ACASO NO ENTENDIERON??”

Somos expertos en ponerle peros a las cosas.  Somos expertos en creer que lo que Dios dice de alguna forma nos excluye a nosotros porque somos un “caso excepcional”.  Como los fariseos, somos necios, insensatos y arrogantes pensando que Dios estaba seriamente equivocado cuando estableció que el matrimonio hace que dos sean uno y permanezcan así.  El divorcio es un invento que salió de la dureza del corazón del hombre.

¿ACASO NO HEMOS ENTENDIDO?

El matrimonio y la fe

  • Los hombres cristianos evangélicos casados tienen las tasas más bajas de violencia doméstica que cualquier grupo religioso o secular mayoritario en los Estados Unidos.
  • Mientras que los hombres casados protestantes conservadores nominales (aquellos que profesan cristiandad pero no la practican con cosas como leer regularmente la Biblia, orar y asistir a la iglesia) son los más propensos a cometer actos de violencia doméstica.
  • Los hombres que asisten a la iglesia regularmente tienen más probabilidades de involucrarse en actividades juveniles como entrenar en deportes, abrazar y elogiar a sus hijos, disciplinarlos, jugar con ellos y ayudarles con las tareas.  También les gritan a sus hijos mucho menos frecuentemente que otros padres.
  • Las parejas que asisten juntos regularmente a la iglesia reportan más felicidad marital, más apoyo y romance dentro de su matrimonio.  Las parejas que asisten juntos a la iglesia son 35% menos propensos a divorciarse.
  • Las parejas que comparten la misma fe tienen más posibilidades de reunirse si se separan que las parejas que no comparten una afiliación religiosa similar.
  • Las parejas que viven juntas antes de casarse son 59% más propensos a divorciarse que los que no lo hacen.
  • El matrimonio entre personas de fe distintas reporta una mucho mayor inestabilidad marital.
  • Los hombres que tienen un matrimonio saludable: tienen mayor estabilidad laboral, son menos propensos a cometer actos violentos, viven más, tienen un salario más alto y una relación sexual más satisfactoria.
  • Los niños dentro de un matrimonio saludable: tienen más probabilidad de asistir a la universidad, tienen menos inclinación a abusar de drogas o alcohol, menos probabilidad de divorciarse, menos probabilidad de ser víctima de abuso físico o sexual, menos probabilidad de tener un embarazo no deseado, menos probabilidad de ser sexualmente activos en la adolescencia y de contraer enfermedades venéreas.
  • Las mujeres dentro de un matrimonio saludable: son físicamente más sanas, tienen una mejor relación con sus hijos, son más prósperas y emocionalmente saludables.
  • Nueve de cada diez adultos casados reportan buena o muy buena salud, en contraste con sus contrapartes solteros.
  • Los hombres cristianos protestantes con hijos son consistentemente los padres más activos y expresivos y los esposos más involucrados emocionalmente.

Tomado de diferentes estudios

Botón “Restart”

Siempre he pensado que el tener conocimiento suficiente para lidiar con una situación, no te libra de cometer errores y no hacer lo que se supone que sabes que tienes que hacer.  Esto nos sucede en muchas áreas de nuestra vida; sabes cómo alimentarte sanamente pero te encuentras cediendo ante la tentación de la barra de chocolate que trajo tu mamá a casa.  Sabes que dormir temprano y aprovechar las ocho horas de sueño es bueno para la salud en general pero te encuentras más de una vez disfrutando de las fotos de pinterest hasta las tres de la mañana o escribiendo (ajem…).  Sabes que el mejor método para llevar tus finanzas es ahorrando para comprar lo que quieres y evitar las deudas a toda costa, y de repente te encuentras pasando el dichoso plastiquito de crédito para comprar el último chiche tecnológico que te trae loco.  Sabes todo lo que se supone que tienes que hacer para mantener un matrimonio sano, equilibrado y feliz, y te encuentras de repente con tu pareja como dos boxeadores en el ring, cada quien en su esquina, abollados, agotados, con ganas de tirar la toalla y preguntándose cuánto diablos durará el siguiente round y si habrá sobrevivientes.

Le suena conocido?  Bienvenidos al Club mis queridos amigos.

No hay nada más horrible que no darse cuenta del camino que se está siguiendo hasta que por alguna razón (me gustaría pensar que Dios tiene algo que ver aquí) llega un punto en que uno levanta la cabeza, ve a su alrededor y se pregunta: ¿cómo caray llegué aquí?  Cuando llega ese momento en que uno se da cuenta de que las cosas no están marchando como debieran en la relación; se nota falta de comunicación, hay resentimientos y asuntos sin resolver, y las cosas se van acumulando poco a poco y se han ido barriendo debajo de la alfombra.  Frustra más todavía cuando se supone que sabes cómo cultivar tu relación y evitar que llegue a malograrse siquiera un poquito.  Pues señores, me he encontrado ahí ya algunas veces!!

Pero no desesperar, que si yo no le he botado la toalla, los guantes, y los zapatos por ahí derecho en la cabeza a mi marido, hay esperanza para todos.

Así como me he desorientado y he llegado hasta lugares donde no he querido estar en mi relación con mi esposo, hay una técnica que es muy efectiva para poner las cosas en su sitio, además de ser casi infalible para arreglar muchos aparatos electrónicos, especialmente las computadoras: el botón “restart”.

restart_button_blog

¿qué dices Cri?  ¿que puedo desenchufar mi relación como se hace con una compu?  Pues sí.  Y antes de que vayan a ponerse otra vez los guantes, déjenme terminar de explicar esto.

Cuando las cosas van chuecas en una relación, hay dos caminos posibles a seguir: o seguimos con los rounds hasta ver quién sale noqueado primero, o hacemos algo al respecto y cambiamos el rumbo que veníamos siguiendo.  Es lo uno o lo otro, y aquí no valen las excusas, las justificaciones, las culpas, solo la realidad; o nos destruimos o salimos adelante.  Para el primer camino lo único que tienes que hacer es dejar de leer esto y seguir haciendo lo que venías haciendo, aunque no te gusten los resultados (que por cierto es la definición de locura).  Para el segundo, se requiere de dos cosas por parte de ambos miembros de la pareja: perdón y compromiso, y ese es nuestro botón restart.

No importa cuántos rounds hayan pasado, no importa cuántos golpes hayan acertado o esquivado, no importa cuánta gente está en la barra de cada lado de los contrincantes, no importa los puntos que hayan ganado o perdido, no importa quién se puso los guantes primero ni si tenía razón en ponérselos o no.  Debe haber perdón completo y sin condiciones, que al fin y al cabo es el único tipo de perdón que sana heridas (sino pregúntenle a quien ha sido perdonado por Dios).  Luego viene el compromiso de no recurrir a los guantes cuando algo no esté bien, de no buscar meterse al ring y emboscar al otro con asuntos pendientes, de no atreverse a dar un golpe de críticas y reclamos.  En una computadora el botón restart no toma en cuenta lo que se ha hecho hasta ese momento, simplemente borra absolutamente todo (perdón) y comienza limpio y no se llena de virus si el usuario utiliza bien el aparato (compromiso?? buee, síganme la corriente y supongamos que el ejemplo fue brillante jejeje).

No hace mucho tuve que aplastar el botón con mi esposo, y los resultados han sido fantásticos.  Hicimos compromisos en ciertas cosas, dejamos otras atrás, y nos fuimos a dormir a las cinco de la mañana con una sonrisa en los labios y un corazón mucho más ligero (además de haber sellado nuestro compromiso con mucho afecto que nos hacía falta en el proceso)*cough*sexo de reconciliación *cough*  🙂

Eso sí, voy advirtiendo: se requiere un alto nivel de compromiso y la voluntad y decisión firme de no traer nada de ese bagaje a la nueva etapa, se botan los guantes por la ventana y punto.  Es liberador, créamelo!

Los invito a intentarlo, me encantará leer sus comentarios al respecto!!  Y antes de que me reten por haber estado ausente mucho tiempo… aplastamos el botón restart, me perdonan y seguimos adelante? Si? Si?

Cariños,

Las pequeñas cosas

Escuchamos por doquier que miles de parejas se divorcian después de poco tiempo de matrimonio, y en la demanda de divorcio el motivo declarado es “diferencia de caracteres”.

Me pongo a pensar un poco en que cuando uno se casa, se casa con una persona que ha vivido con una familia diferente, en un lugar distinto, con amistades de toda índole y con creencias, idiosincracias y convicciones que difieren diametralmente a las nuestras. Si así es normalmente, entonces ¿por qué debemos sorprendernos de que la otra persona tenga una “diferencia de caracteres” con nosotros?

Lo más gracioso que todo tiene su comienzo en las pequeñas cosas.  Que si él tiene que cursar otra vez el kindergarden para aprender la diferencia entre “encima del tacho de la ropa sucia” y “dentro del tacho de la ropa sucia”.  Que si ella tiene que reprogramar su cerebro para saber que 5 minutos más equivalen tan solo a 5 minutos y no a hora y media.  Él deja el espejo del baño todo mojado, ella deja el tubo de la pasta dental retorcido como los relojes de Picasso.  A él le gustan las cosas al minuto, ella se toma su tiempo.  Él no puede gastar más de unas monedas sin sentirse culpable, ella se da gustos cada vez que tiene cupo libre en la tarjeta de crédito.  Él prefiere el café negro, ella mokaccino.

Podría seguir eternamente, pero creo que me he hecho entender.  Las pequeñas cosas son las que hablan de una persona, quién es, de dónde viene, cómo llegó donde está.  Y son las pequeñas cosas  también las que poco a poco nos van debilitando esa imagen perfecta que teníamos de nuestro compañero cuando nos casamos, cuando nos vamos dando cuenta de que al lado nuestro yace, no el príncipe de nuestros sueños encantados, sino un ser humano de carne y hueso.

El error está, pienso yo, en querer desechar esa persona de carne y hueso y salir a buscar otra vez nuestro príncipe de cuentos de hadas.  Así que alegamos “diferencia de caracteres”, firmamos, sellamos, finiquitamos y comenzamos de nuevo.

Por mi parte, a mí déjenme con mi simple ser humano con sus múltiples facetas, temperamento, carácter, fallos y virtudes, porque me faltará el tiempo de aquí hasta que muera para terminar de averiguar todas las pequeñas cosas que lo mueven, lo motivan, lo irritan, lo entristecen.  Sí, lo amenazo con enviarlo de nuevo al kindergarden, pero al mismo tiempo me alegro de que soy la única persona con la cual se muestra auténtico, sin hipocresías, sin ocultar su vulnerabilidad y fortaleza.

Prestemos atención a las pequeñas cosas, y en vez de vociferar, romper platos, armar un berrinche o simplemente hacerle la ley del hielo, retengamos lo bueno y desechemos lo malo, y sonriamos ante la perspectiva de cuántas otras pequeñas cosas, como pequeños caramelos que nos endulzan el día, podremos disfrutar en nuestra vida junto a la persona que prometimos amar exactamente por su “diferencia de caracteres”.

Bendiciones,

El sexo te hace estúpido

¿Cuántas veces has escuchado a alguien lamentarse diciendo: “No sé en qué diablos estaba pensando cuando me casé”?  He escuchado un sin número de casos en los que aparentemente la persona siente que tenía una venda en los ojos que no le permitió ver muchas fallas de carácter en su pareja y, después de lidiar con esas fallas por años en un matrimonio fallido, se preguntan cómo no pudieron verlas desde el principio.

Bien, resulta que hay una razón.  Estudios realizados en diferentes centros de investigación y universidades de todo el mundo llegan a la misma conclusión.  El efecto que tiene el sexo sobre el cerebro, esa etapa donde la pareja parece estar en las nubes y borracha de amor, donde todo es nuevo y excitante y no pueden permanecer alejados el uno del otro, es exactamente igual al efecto que tuvieran estas dos personas si estuvieran consumiendo cocaína.

Piénsalo un poco.  No soy experta en los efectos de la cocaína pero generalmente se sabe que causa un estado de euforia, halucinaciones y pérdida de juicio.  En otras palabras el sexo, como la cocaína, te hace estúpido.

Pero entonces, ¿cuál es el problema?  Pues bien, como Dios sabía lo que estaba haciendo, diseñó el sexo para que sea el “pegamento” que mantiene a una pareja unida  especialmente en los primeros tiempos del matrimonio cuando la pareja se está adaptando y está sentando las reglas del juego en su relación matrimonial.  Es el “narcótico” que hace que esta etapa de transición sea más fácil y llevadera.

El problema es que nosotros hemos invertido las cosas.  Hoy un hombre y una mujer se conocen, se gustan, salen un par de veces y luego comienzan a tener sexo.  Ahí es donde está el error.  El “narcótico” entra en efecto, nublando el entendimiento y la vista de esta pareja, haciendo que no vean defectos de carácter que hagan que cualquier persona con sano juicio salga corriendo.  O peor aún, ven los defectos y los pasan por alto o los minimizan pensando “cuando nos casemos yo lo podré manejar o lo podré cambiar”.  Otra vez, sencillamente estúpido.

Así que el mensaje es sencillo: no seas estúpido, deja el sexo para el matrimonio.  No te nubles el entendimiento y pon todos tus sentidos en la etapa de novios, cuyo propósito es ver si en verdad tienen lo que se necesita para construir una vida y envejecer juntos.  Porque después de todo, a partir de la luna de miel podrán consumir toda la “cocaína” que quieran 🙂

El desafío de amor – Día 23

Quita todo obstáculo para la relación, cualquier adicción o influencia que te robe sentimientos y aleje tu corazón de tu cónyuge.

La Fuente

El amor de Dios es la única fuente lo suficientemente fuerte para mantener el amor por nuestro cónyuge como una llama inagotable e inextinguible durante toda la vida.  ¿Has probado a conectarte con Dios y conocer al Amor mismo?