Las pequeñas cosas

Escuchamos por doquier que miles de parejas se divorcian después de poco tiempo de matrimonio, y en la demanda de divorcio el motivo declarado es “diferencia de caracteres”.

Me pongo a pensar un poco en que cuando uno se casa, se casa con una persona que ha vivido con una familia diferente, en un lugar distinto, con amistades de toda índole y con creencias, idiosincracias y convicciones que difieren diametralmente a las nuestras. Si así es normalmente, entonces ¿por qué debemos sorprendernos de que la otra persona tenga una “diferencia de caracteres” con nosotros?

Lo más gracioso que todo tiene su comienzo en las pequeñas cosas.  Que si él tiene que cursar otra vez el kindergarden para aprender la diferencia entre “encima del tacho de la ropa sucia” y “dentro del tacho de la ropa sucia”.  Que si ella tiene que reprogramar su cerebro para saber que 5 minutos más equivalen tan solo a 5 minutos y no a hora y media.  Él deja el espejo del baño todo mojado, ella deja el tubo de la pasta dental retorcido como los relojes de Picasso.  A él le gustan las cosas al minuto, ella se toma su tiempo.  Él no puede gastar más de unas monedas sin sentirse culpable, ella se da gustos cada vez que tiene cupo libre en la tarjeta de crédito.  Él prefiere el café negro, ella mokaccino.

Podría seguir eternamente, pero creo que me he hecho entender.  Las pequeñas cosas son las que hablan de una persona, quién es, de dónde viene, cómo llegó donde está.  Y son las pequeñas cosas  también las que poco a poco nos van debilitando esa imagen perfecta que teníamos de nuestro compañero cuando nos casamos, cuando nos vamos dando cuenta de que al lado nuestro yace, no el príncipe de nuestros sueños encantados, sino un ser humano de carne y hueso.

El error está, pienso yo, en querer desechar esa persona de carne y hueso y salir a buscar otra vez nuestro príncipe de cuentos de hadas.  Así que alegamos “diferencia de caracteres”, firmamos, sellamos, finiquitamos y comenzamos de nuevo.

Por mi parte, a mí déjenme con mi simple ser humano con sus múltiples facetas, temperamento, carácter, fallos y virtudes, porque me faltará el tiempo de aquí hasta que muera para terminar de averiguar todas las pequeñas cosas que lo mueven, lo motivan, lo irritan, lo entristecen.  Sí, lo amenazo con enviarlo de nuevo al kindergarden, pero al mismo tiempo me alegro de que soy la única persona con la cual se muestra auténtico, sin hipocresías, sin ocultar su vulnerabilidad y fortaleza.

Prestemos atención a las pequeñas cosas, y en vez de vociferar, romper platos, armar un berrinche o simplemente hacerle la ley del hielo, retengamos lo bueno y desechemos lo malo, y sonriamos ante la perspectiva de cuántas otras pequeñas cosas, como pequeños caramelos que nos endulzan el día, podremos disfrutar en nuestra vida junto a la persona que prometimos amar exactamente por su “diferencia de caracteres”.

Bendiciones,

Un pensamiento en “Las pequeñas cosas

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