¿Qué escucha?

“No me haces caso.  ¿Oíste lo que te dije?  ¿Dónde tenías la mente mientras te hablaba?”  Casi todos hemos sido confrontados con palabras similares a estas después de la boda y casi a ningún esposo o esposa le gusta oírlas.  Una de las razones es que en más de una ocasión corresponden a la realidad de las cosas.  Lo cierto es que no prestamos atención o más bien perdimos “la sintonía” y optamos por ignorar lo dicho.  En muchas ocasiones usamos nuestros coladores para filtrar lo que escuchamos y después queremos usar la vieja excusa: “No te alcancé a oír”.  A continuación, un ejemplo de cómo se usa el oído selectivo.

Un nativo americano caminaba por el centro de Nueva York junto a su amigo que era neoyorquino.  De repente dijo: “Acabo de oír a un grillo”.

“Estás loco”, contestó su amigo.

“Te digo que oigo a un grillo, ¡de veras!”

“Es mediodía y se oye la algarabía de las personas, el estrépito de los automóviles y los frenos de los taxis, sin mencionar todos los otros demás ruidos de la ciudad.  Estoy seguro de que no puedes oír a un grillo”.

“Pues yo estoy seguro de que eso es justo lo que escucho”.  El joven caminó hacia la esquina, cruzó la calle y miró en todas las direcciones.  Después se dirigió a un arbusto sembrado en un macetero de concreto y bajo una hoja encontró un grillo que procedió a mostrar a su amigo, quien no ocultó su estupefacción.  El aborigen le dijo: “Tranquilo, mis oídos no son diferentes a los tuyos, todo depende de qué es lo que quieres oír.  Ven te muestro cómo hacerlo”.  Sacó de su bolsillo un puñado de monedas y las tiró a la calle.  Al instante, todos los que pasaban por ahí voltearon la cabeza.  “¿Ahora ves a qué me refiero?”, dijo mientras recogía sus monedas del suelo.  “Todo depende de qué quieres oír”.

¿Qué es lo que se han propuesto oír?  ¿Tiene alguno de ustedes dificultad para escuchar o que alguien dice?  Podría tratarse del Señor con un mensaje que mejorará su vida matrimonial.  Ser incapaz de oír a su cónyuge puede eximirlo o librarlo de un apuro momentáneo, pero si ustd no escucha nunca sabrá de qué cosas buenas se ha perdido.

Tomado de “Después de la boda” de H. Norman Wright

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