El sexo es sagrado

William Kirk Kilpratick, en Psychological  Seduction (Seducción psicológica) presenta algunas ideas muy valiosas acerca de la sexualidad en la cultura actual.

Si uno dice hoy día que el sexo es sagrado, corre el peligro de ser ridiculizado.  Esto se debe a que la sociedad ha tenido mucho éxito en profanarlo.  Si alguien raptara a una princesa, la vistiera de andrajos y le diera golpes en la cabeza hasta entorpecer su habla, y después dijera a sus colegas rufianes que esta mujer era una princesa, lo más seguro es que no le crean.

Nuestra sociedad se encuentra en una sitaución similar respecto al amor sexual.  Nos resulta difícil creer que algo que se practica con tanta bajeza  en los lugares más viles también pueda hallarse en los más venerables.  Debido a la condición tan común, vulgar y disponible a cualquiera por cualquier precio y hasta sin precio a que se ha rebajado el sexo, no sorprende que prevalezca el dictamen médico y psicológico:  El sexo no es sagrado en absoluto.  Por el contrario, es algo natural, un proceso biológico más entre muchos otros.  Por eso, comamos y bebamos, durmamos y tengamos sexo con tal de mantenernos saludables.

A no ser que usted entienda que el cristianismo considera el amor sexual como algo sagrado, nunca entenderá por qué insiste en que el sexo se sujete a exclusiones y restricciones específicas, al igual que todas las demás cosas sagradas.  La noción cristiana no es que el sexo sea malo.  Por el contrario, es demasiado bueno y sublime para ser rebajado a lo común.  Al igual que todas las demás cosas sublimes, merece ser protegido por límites y reglas objetivas que las emociones caprichosas del momento no pueden alterar.  La postura cristiana es muy clara al respecto: El amor sexual es demasiado importante para ser dejado a la espontaneidad.  La corrección y el decoro de la conducta sexual no dependen de la intensidad de los sentimientos, sino del siguiente criterio objetivo:  ¿Ya hicimos un voto solenme de fidelidad a una persona?  No podría ser de ningún otro modo.

Tomado de “Después de la boda” de H. Norman Wright

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