Cuando un día…

Cuando un día se casen

sean humildes en la victoria,

corteses en la derrota,

generosos ante las faltas

y agradecidos por todo

lo que Dios les ha dado.

Recuerden: “El mayor arte de todos

es el arte de convivir”

Tim y Joy Downs

Te deseo primero

Te deseo primero que ames, y que amando, también seas amado.
Y que de no ser así, seas breve en olvidar, y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser feliz.

Te deseo también que tengas amigos, y que sean valientes y fieles, sinceros y hasta algunas veces inconscientes,  pero que por lo menos haya uno en quien puedas confiar sin dudar.

Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas.
Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que te haga poner los pies en la tierra.

Te deseo además que seas útil, mas no insustituible.

Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil,  sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,  y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer y su dolor, y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, para valorar nuestras bendiciones y dar gracias por ello.

Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.
Pero siempre tendrás la oportunidad de llevar una palabra de consuelo.

Te deseo que acaricies un animal, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera te sentirás bien.

Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento,  para que descubras de cuántas vidas está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico.
Y que por lo menos una vez por año, pongas algo de ese dinero frente a ti y digas:  “ésto es mío”, sólo para que quede claro quien es el dueño de quien.

Te deseo también que ninguno de tus afectos muera, pero que si muere alguno puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer,  y que siendo mujer, tengas un buen hombre, mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes, hablen sobre amor para recomenzar.

Sergio Jockymann

Control

¿Quién es la persona encargada aquí?  ¿Quién es el responsable de este proyecto?  Estas preguntas son hechas miles de veces cada día, especialmente en los negocios y en la industria.  Sin embargo, es muy extraño que se pregunten o se discutan en la relación matrimonial, y debería hacerse.  El asunto del control es uno de los mayores conflictos que pueden surgir en una relación.  Esto usualmente sale a la superficie en algún tipo de lucha de poderes entre los cónyuges.

Si has observado alguna vez la interacción entre los perritos pequeñitos, probablemente habrás notado que las luchas de poder son muy comunes.  Un perrito toma el control y dirige al resto del grupo.  Y si a este perrito se le quita del primer lugar, de nuevo surge una lucha de poder hasta que uno de los perritos domina.  Esto no es muy diferente de lo que ocurre entre los humanos.  El deseo de tener el control de la vida de otro ha sido evidente desde la caída del hombre.  ¿Popr qué es esto?  ¿Por qué existe el deseo en muchas personas de tener el control de todos y de todo, hasta el punto de que su vida se convierte en un peregrinar de un lugar a otro buscando poder?

¿Has conocido a algún “controlador”?  Esa persona siempre tiene que tener la razón, siempre debe ganar, siempre debe estar a cargo de las cosas, y siempre debe aparecer intachable.  Irónicamente, el obtener el control de todo no satisface al “controlador”.  El o ella, normalmente se sienten infelices, tienen miedo al rechazo y son incapaces de intimar con alguien.

El modelo del “controlador” está en contra del modelo bíblico del matrimonio.  La actitud que se necesita en un matrimonio está reflejada en Mateo 20:26-28 “pero el que quiere ser el más grande entre ustedes, será su servidor”.  Filipenses 2:3 nos dice “no hagan nada por egoísmo o vanagloria, sino que con humildad cada uno estime a los demás como superiores a sí mismo”.

¿Qué te dicen estos textos sobre los papeles de un esposo y una esposa en el matrimonio?  Todos estos pasajes reflejan una forma de vida que era la mejor para los individuos y las parejas.  Dios lo sabe, y está en lo cierto!  Una vez que uno decide tomar esa actitud en el matrimonio, irónicamente nos convertimos en “grandes ganadores” en cuanto a intimidad y contentamiento.

La Regla de Oro

Hoy estuve leyendo sobre lo que comúnmente se llama “la regla de oro”. Jesús habló de esto en un pasaje que encontramos en Mateo, y desgraciadamente nosotros le hemos dado la vuelta. “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti” me decía mi madre, y no fue sino muchos años después (por Dios cómo pasa el tiempo!) que me di cuenta de que el asunto era completamente al revés. Con el anterior enunciado básicamente nos están diciendo “vive tu vida, aléjate de problemas, pasa desapercibido”. Pero lo que Jesús realmente dijo fue: “Hagan a otros lo que quieren que hagan con ustedes”. En otras palabras, él nos está motivando a expresarnos con acciones, independientemente de lo que obtengamos a cambio.

¿Cómo aplico esto a mi matrimonio? Pues les digo que si me quedo sentada esperando que mi esposo haga primero algo que me agrada, para después “pagarle” con algo a cambio, estoy permitiendo que él dicte mis acciones y mis respuestas. Pero si una cosa he aprendido es que con Jesús, uno encuentra libertad. Libertad para qué? Para expresarle a mi esposo cuán importante es en mi vida, con pequeñas cosas, talvez hasta triviales, sin importar lo que él me de a cambio; al final termina él haciendo lo mismo. Resultado? Una relación que cada vez se siente más íntima.

Así que la próxima vez que veas que tu cónyuge está trabajando en la computadora, adelante, sorpréndelo con una taza de café… no se siente bien?